Mantener el agua en buenas condiciones ayuda a prevenir bacterias, hongos y algas que pueden afectar la salud de toda la familia. El agua mal cuidada puede provocar diarrea, erupciones cutáneas, infecciones de oído, infecciones respiratorias y hongos en manos y pies.
Usá productos compatibles con el tipo de pileta, ya sea de lona, fibra o cemento. Podés utilizar cloro líquido, en pastillas, sólido o granulado para mantener el agua libre de microorganismos. También se pueden sumar filtros mecánicos, reguladores de pH, alguicidas y floculantes autorizados.
Es importante respetar siempre las indicaciones de la etiqueta: dosificación, precauciones y condiciones de almacenamiento. En días de mucho calor, el cloro se evapora más rápido, por eso conviene controlarlo y reforzar la dosis si es necesario. Existen kits de medición que ayudan a mantener estos valores controlados.
Después de usarla, tapá la pileta con un cubre pileta. Esto ayuda a mantener el agua limpia y a proteger la lona.
Para conservar el agua saludable, renová entre 5 y 10 centímetros de altura día por medio. Esa agua puede reutilizarse para regar, limpiar veredas o lavar el auto.
Antes de ingresar, lavate los pies y, si es posible, date una ducha. Esto reduce la cantidad de gérmenes, sudor y restos de cosméticos, protectores solares o cremas que pueden quedar en el agua.
Las personas con diarrea o alguna enfermedad gastrointestinal no deben ingresar a la pileta, para evitar contaminar el agua con gérmenes.
También se recomienda evitar ingerir agua de la pileta y limpiar previamente juguetes e inflables antes de utilizarlos.
Para dosificar correctamente los productos, primero necesitás saber cuántos litros tiene la pileta.
Modelo rectangular
Multiplicá largo × ancho × altura.
Modelo circular
Multiplicá 3,14 × radio² × altura.
En ambos casos, el resultado se multiplica por 1.000 para obtener la capacidad total en litros.